martes, 12 de mayo de 2015

SOBRE LA MEDITACIÓN Hermann Hesse

Pensamientos y divagaciones de índole semejante eran el epílogo de su meditación. En el despertar no se trataba, al parecer, de la verdad y del conocimiento, sino de la realidad y de la vivencia y continuidad de ésta.
Al despertar no se adentraba uno más en la esencia de las cosas ni en la de la verdad; únicamente comprendía, lograba o padecía la orientación del propio yo con respecto a la situación actual de las cosas.
No se descubrían leyes, sino decisiones, no se llegaba al centro del mundo, pero sí al centro de la propia persona.
Por esta razón, lo que se experimentaba entonces era tan poco comunicable, distaba tan extrañamente de poder ser dicho y formulado; comunicaciones de esta región de la vida no parecían contar entre los fines del lenguaje.

Cuando alguien, excepcionalmente, era comprendido alguna vez en parte, entonces el que le entendía era un hombre en situación análoga, padecía o se despertaba parecidamente a él. 

Hermann Hesse. El juego de abalorios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario