domingo, 17 de mayo de 2015

HABLAR DE ARQUITECTURA. 17-V-2015

En uno de los cursos que dicto este semestre nos dedicamos a la descripción de obras de  arquitectura. 

El tema es más complejo de lo que parece. 

Muchas veces, el texto que describe una obra se complementa con imágenes: fotografías, planos y croquis. 

La arquitectura se comunica empleando dos formas de lenguaje distintos. Uno es discursivo y, por lo tanto, secuencial. El otro es sintético. 

Y se supone que en ambas formas de lenguaje se emplea un lenguaje especializado, en el que convergen técnica, ideología y cultura. 

¿De qué se puede hablar cuando se habla de arquitectura? ¿Cómo debe hacerse?

Sólo esbozo algunas ideas iniciales. Y con estas se pueden adelantar algunas consideraciones: 


-Los términos

Se deben a nuestra lengua y se deben a la arquitectura. Eso es el deber ser. Pero nos encontramos muy seguido con un un océano de imprecisiones y vaguedades en las que navegamos o nos ahogamos. He aquí algunas palabras frecuentes y antipáticas (algunas creo atentan contra la lengua): referente, recedido y todas aquellas que convierten a sustantivos en acciones; balconear, geometrizar, accesar... 

-El marco cultural 

Si no entendemos que detrás de cada término especializado hay un marco cultural variable sobre el que vale la pena reflexionar, podemos convertir nuestras palabras sobre arquitectura en un discurso vacío, sin contenido. Recuerdo una charla de un profesor norteamericano que afirmaba olímpicamente que Frank Ghery había acabado con la belleza y que en su lugar había colocado el "engagement". Más de dos mil años de tradición tirados de lado. 


-Racionalizar

El martes compartía uno de los trabajos con mis estudiantes. Se trataba de la descripción de la casa Can Lis, de Jørn Utzon (1972). En una de las frases del trabajo leo una expresión tipo … aquí Utzon entendió muy bien el uso de los materiales

Creo que una expresión de este tipo no es correcta y no aplica a la arquitectura. 

Y no aplica por dos cosas. En primer lugar, lo que interesa es lo que el arquitecto hizo y no lo que el arquitecto entendió. Lo primero está a la vista y en el caso de la obra de Utzon casi siempre vale la pena que lo veamos. Lo que el arquitecto entendió no siempre lo sabemos y puede quedar por debajo de lo que hizo. En segundo lugar, se coloca al entendimiento por encima de otras capacidades. Y esta es una desviación racionalista que ha sido advertida por pensadores como como Hans-Georg Gadamer, Juan David García Bacca y Louis Kahn, entre otros. 

Sigamos...

Para abrir la discusión, menciono ahora algunos de los atributos que empleamos en nuestro rico y complejo contacto con el mundo exterior: entendimiento, intuición, creencia y fe, propuesta, imaginación, voluntad de hacer. No todo es entender, también somos capaces de actuar gracias a otros atributos. ¿Cuáles de ellos empleamos con más frecuencia en la arquitectura?

Veamos ahora cinco propuestas en torno al tema. 

1-Entender y explicar la arquitectura o describirla

¿Cómo se puede explicar una variedad de obras –todas logradas- dedicadas a una misma función?

Digamos casa, y nombremos algunas. La ya citada Can Lis, la Ville Savoye, la Tugendhat, la Rotonda y por última aquella quimérica Falling Water. La sola intención de explicar cómo es que estas obras tan diferentes puedan ser todas casas ya es un reto que creo es muy difícil de superar. Y si nos aventuramos en este camino, intentando descifrar y homologar programas o ciertas constantes en cuanto a la escala de los espacios, estaremos diciendo poco o nada de estas obras. 

Parece que sólo nos queda intentar describir los atributos arquitectónicos de cada una de ellas. Puede parecer poco. Sin embargo, estaremos enrumbados a hacer lo que corresponde. La arquitectura no es un problema intelectual autónomo ni un problema puro de conocimiento.  


 Can Lis. Jørn Utzon (Recuperado el 17-V-2015
https://www.google.co.ve/search?q=can+lis&biw=1680&bih=935&source)

 Falling Water. Frank Lloyd Wright (Recuperado el 17-V-2015
http://www.wright-house.com/frank-lloyd-wright/fallingwater-pictures/large-fallingwater-photos/high-resolution/falling-water-fall-house-L.jpg)

2-Síntesis

Entendimiento y explicación son secuenciales y jerárquicos. Se aíslan ciertas variables y se procede paso a paso. La arquitectura es diferente: no existe estructura por un lado y forma por otra. No existe ingeniería separada de la arquitectura. 

En la modernidad, no es sustantivo que hayan aparecido nuevos materiales como el concreto o el acero. Lo que sí es sustantivo es como en determinadas obras se han empleado esos materiales.

Si miramos la planta del Museo Kimbell, veremos una configuración que a primera vista nos parece simple y hasta académica. Louis Kahn, es un arquitecto que le da un vuelco esencial a la arquitectura moderna. Es capaz de poner en contacto –en una misma obra- nuevos materiales y técnicas con formas puras enraizadas en la tradición. Así, la simpleza no es tal. 

Se ha hecho una síntesis. Algunos preguntarán: ¿Con que tiene que ver esa nueva síntesis? Respuesta: en lo fundamental con la propia obra. 

Arquitectura, proyecto y síntesis. Tres variables sin más referencias a otra cosa. 

 Museo Kimbell. Louis Kahn (Recuperado el 17-V-2015
https://bessandmatt.files.wordpress.com/2013/05/kimbell-1.jpg



3-En arquitectura no hay problemas, hay conquistas

Las explicaciones y los hallazgos tecno-científicos son respuestas a problemas constantes. Un ejemplo de problema constante es el del origen del universo. Cada nueva teoría, se aproxima con más efectividad a la realidad y resuelve problemas que teorías anteriores arrastraban. Igual sucede con el campo de las aplicaciones técnicas: el alumbrado eléctrico sucede al de gas. 

Las obras de arquitectura no superan a otras, ni ofrecen mejores soluciones en el tiempo. En arquitectura, igual que en arte, no hay progreso. La capilla de Romchamp no es un estado más avanzado que la arquitectura románica. Es una respuesta diferente. Es una nueva conquista. 

Lo que admiramos en la capilla de Romchamp es algo que depende sólo de su arquitectura, de las particulares respuestas de diseño que reconocemos y admiramos. 

Los hitos históricos de la arquitectura son las grandes obras. Una vez que aparecen se instalan en la tradición. Pueden olvidarse por un tiempo y luego regresan a nuestras conciencias, renovadas.  

 Capilla de Romchamp. Le Corbusier (Foto: Luis Polito)

4-No se habla de arquitectura hasta que no se habla del proyecto 

En arquitectura, lo singular se impone sobre lo general. Dijo Kahn: no hay arquitectura, sólo hay obras de arquitectura. Quizás se refería a esto. Y es correcto afirmar entonces que no hay una teoría de la arquitectura, una disciplina que la contenga y que la explique. 

La obra de arquitectura es fundamental, y lo esencial en ella es el proyecto. Hablar de él es hablar de unas condiciones: programa, cliente, terreno y otras cosas más. Pero, como ya señalamos, lo esencial en el proyecto no son las condiciones sino el tratamiento de esas condiciones y la transformación de esas condiciones en atributo arquitectónico en pleno. 

¿Cómo se puede hacer una plaza que remata una avenida, que se ubica en un lugar con un marcado desnivel entra la parte baja y el remate natural que es la iglesia que está en lo más alto? 

No se responder este pregunta en abstracto, pero se me ocurre pensar en la Piazza Spagna en Roma. Es una plaza que es una escalera, y es una escalera que siendo plaza comunica dos calles a diferente nivel. 

Solo puedo escribir lo que escribo pensando en la Piazza Spagna. Sin esta pieza, mis palabras son una incongruencia. 

 Piazza Spagna, Roma (Recuperado el 17-V-2015
https://www.google.co.ve/search?tbm=isch&q=PIAZZA+SPAGNA&spell)



5-El proyecto diluye la noción de causa-efecto

Si el proyecto de arquitectura obedeciese estrictamente a sus causas la arquitectura pudiera ser una ciencia, y nos tocaría explicar los problemas y las soluciones así como las teorías, unas más efectivas que otras. 

Pero, como hemos visto, esto no es así. El proyecto incorpora algo nuevo. El proyecto engulle al problema, lo digiere y lo transforma en otra cosa. Por lo tanto, el problema desaparece. 

El paso del aire a través de superficies tamizadas de luz en lugar de la abertura neta o la pared  pueden pensarse como solución a la ventilación cruzada. Pero cuando recorremos los corredores de la Ciudad Universitaria de Caracas lo que nos atrae es ese fantástico juego de luces y sombras que genera el empleo de esas superficies de bloques calados que Villanueva va empleando en diversos formatos y posiciones. Si alguna vez hubo una causa, la obra la ha hecho desparecer. Ahora, todo es arquitectura.  

Cuando recorremos los espacios de la Ciudad Universitaria de Caracas reconocemos que hay maestría y nos cuesta explicarla. Identificamos también que se ha hecho mucho con poco (una de las virtudes de la obra sintética), que lo que vemos es siempre novedoso y que todas las virtudes que reconocemos están solo allí; en esa obra que no podemos ni catalogar ni explicar. 

Cuando esto se ha hecho –explicar- se han traicionado los valores fundamentales de la obra. 

Para concluir: es inevitable hablar de arquitectura y creo que es un ejercicio provechoso. 

Lo importante es hacerlo colocándolos unos lentes adecuados a ella. 

Con los que se usan en otras disciplinas podemos distorsionar la imagen final. Y esto no es justo.    

 Ciudad Universitaria de Caracas. Carlos Raúl Villanueva (Foto: Luis Polito)






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