jueves, 7 de diciembre de 2017

CIUDAD UNIVERSITARIA, FACULTAD DE HUMANIDADES. CARLOS RAÚL VILLANUEVA. MURAL: VICTOR VALERA





 
(...) La participación del arte se da dentro de ciertas decisiones generales de concepción y de ejecución. Villanueva decide utilizar la cerámica vitrificada en diminutas piezas, aprovechando la diversidad de colores y las infinitas posibilidades de variación formal. Algunas paredes son recubiertas con este acabado, sin incorporar el trabajo de los artistas. Los colores ayudan a definir los colores de las diversas Facultades: amarillo para Ingeniería, azul para Arquitectura. En otros casos, aparece el trabajo menudo de los artistas. Entre los que realizan obras con este tipo de material podemos mencionar a: Armando Barrios, Oswaldo Vigas, Pascual Navarro, Mateo Manaure, Carlos González Bogen, Fernand Léger, Alirio Oramas, Alejandro Otero, y Victor Varela (M. Gasparini, 1991: 108-178). La decisión general otorga unidad visual y de criterios constructivos al conjunto. La extensa lista de artistas y formas particulares le da a cada caso una connotación individual característica y, obviamente, una obra singular. 
 
Luis Polito. 2004.  La arquitectura en Venezuela. Caracas, Fundación Bigott, p. 103.
 
 

CIUDAD UNIVERSITARIA CARACAS. HUMANIDADES. BIBLIOTECA ESCUELA PSICOLOGÍA











 

Cuando comenzaba la construcción de la  Ciudad Universitaria, algunos la veían como alejada y mal ubicada. Hoy está en pleno corazón de la ciudad. El Parque del Este fue realizado cuando en Caracas existía más vegetación, y a nadie se le ocurría caminar o correr por puro placer. Estas obras se adelantaron, y sus creadores vislumbraron un futuro mejor. La arquitectura debe ser visionaria y ambiciosa. No puede depender de lo inmediato. Esto es lo que nos muestran estos notables ejemplos. Estos lugares tienen en común que nos hacen sentir ciudadanos, que nos hacen sentir confortables. Son lugares producto del ingenio y de la capacidad y estoy seguro que para todos los venezolanos conforman un patrimonio sumamente valioso.

Luis Polito. 2004. La arquitectura en Venezuela. Caracas, Fundación Bigott, p. 124. 

sábado, 2 de diciembre de 2017

JEAN PROUVÉ Y LA ARQUITECTURA PARLANCHINA



Jean Prouvé (1901-1984), notable arquitecto del siglo XX, nunca se consideró tal. Prefería llamarse obrero o técnico. Es el inventor de la fachada cortina y de la junta "en seco"; sistema de construcción que no usa frisos sino fijaciones instantáneas. Cuando los arquitectos oficiales franceses debían considerar darle el título de arquitecto, estos le solicitaron un portafolio con sus trabajos. El no lo hizo, y comentó que ellos tenían el derecho a pedir esos documentos. Sin embargo, consideraba que su obra bastaba como fundamento para completar el trámite. Ese era su derecho. No le dieron el título oficial, pero no tenemos dudas de su talento como arquitecto. Hizo parte del jurado que premió la propuesta de Renzo Piano y Richard Rogers para el Centre Boubourg.

Siempre puso la práctica por encima de todo. Cuando sus colaboradores le mostraban dibujos, él  inmediatamente les pedía la realización del prototipo. En un momento, se vio obligado a asociarse con terceros para mantener su taller. Y esto significó que lo apartaron de las decisiones de proyecto y realización. Así, se encontró fuera de la empresa que él mismo había creado. Fue un duro golpe. 

Nos quedan sus estupendas obras y propuestas de arquitectura, así como sus sabias palabras. He aquí una muestra:



Mi actitud es muy materialista ...Hay un precepto hindú que siempre me ha llamado la atención y que ilustra las relaciones entre los hombres que colaboran y trabajan juntos: "Si está entendido, no hace falta explicarlo, si no se entiende, es inútil explicarlo". Me he dado cuenta de que, cuando se precisa de largas explicaciones en el trabajo, es que algo no funciona. La arquitectura no se explica, no se transforma en literatura, no se convierte en un flujo de palabras.

Si, realmente, la gente no se entiende, no es necesario perder el tiempo intentando explicarse, no se entenderá jamás. Es un problema que me persigue al final de mi carrera, ya no sé qué decir, no sé si la razón la tienen ellos o la tengo yo. Añadiría, además, que este fenómeno de la arquitectura parlanchina se ha acentuado en los últimos quince años. En realidad, desde 1968 (...) (Lavalou (ed), 2005: 92).

¿Que diría hoy Prouvé cuando ser parlanchino parece ser, para algunos, condición  indispensable para ejercer la arquitectura? 

LAVALOU, Armelle. 2005.       Conversaciones con Jean Prouvé. Barcelona, Gustavo Gili. 

Incluimos dos fotos de la casa que Prouvé se hizo para sí mismo. En la segunda está Prouvé sentado, con sandalias. 





sábado, 11 de noviembre de 2017

COCINAR Y PROYECTAR



Cocinar se da en un tiempo más breve. También se da en forma más autónoma. Sin embargo, creo que los vínculos entre cocina y arquitectura son estrechos y así mismo útiles de considerar.

Sobre todo para aquellos que apreciamos tanto un buen plato como una buena obra.

Recuerdo un texto de Federico Vegas, de hace algún tiempo. En él habla de las relaciones entre las prácticas y las escuelas de cine, arquitectura y cocina. En la cocina, la práctica está allí mismo: los alumnos se comen sus trabajos. En cambio en la arquitectura, la mejor lección no está en el aula sino en la obra.

Me voy a detener en algunos paralelismos entre cocina y arquitectura.

En una de las aproximaciones más antiguas de lo que es y debe ser la arquitectura –hablo de Vitruvio-  se señala que esta debe ser útil, firme y bella. Útil: por lo tanto una operación entre una necesidad y un resultado, en el marco de las necesidades humanas… Firme: atada a las leyes de la física, de la economía, de la ingeniería y de la técnica… Bella: vinculada, entonces, con el arte y con los ideales creativos y trascendentes de la especie humana.

Desde Vitruvio, estas palabras y lo que significan nos colocan frente a la inevitable, difícil y hermosa meta de la arquitectura y de su hacer.  

Las tres palabras convocan a la complejidad y a la necesaria síntesis entre variables distintas. Como sugiere Ludovico Quaroni, muchas veces estas variables se encuentran  enfrentadas.

Aunque, cabe decirse desde ya, son opuestas y están enfrentadas solo si la meta de la arquitectura no se ha logrado, en aquellos casos en los que las simplificaciones nos llevan a creer que una simple estructura es arquitectura, o que una obra de arquitectura es una escultura, solo que más grande… 

Es como cuando, en la cocina, los sabores no se fundan, y cada ingrediente original anda por su lado, imponiendo su presencia aislada.

Cuando hay arquitectura, no hay ni oposición ni enfrentamiento entre la firmeza, la utilidad y la belleza…

¿Por qué nos ha costado tanto, y nos sigue costando, reconocer esta simple verdad?

Quaroni nos habla de la reducción de las componentes y los errores que se derivan de ello. Destaca así, la necesidad de integración, y como consecuencia de esta, de la anulación de las contradicciones entre las variables…

En ese mismo sentido, Bruno Zevi señala que en la obra de arquitectura se superan las determinantes históricas, culturales y tipológicas.

Para hacer un pabellón criollo, se hacen por separado el arroz, la carne, las tajadas y las caraotas. Solo se colocan juntos al momento de servir el plato. Se puede y se debe trabajar en forma independiente… la fusión se da en los cubiertos y en el paladar.

Por el contrario, la realización de la hallaca requiere de la sabiduría, de la cocción y fusión conjunta de todos los variados e intrincados componentes. La fusión se da en el proceso, y no sirve si se realiza solo al final.

Si cuando proyectamos el resultado se asemeja al pabellón, no tendremos la posibilidad de fundir los ingredientes. En arquitectura, es necesario operar como en la realización de la hallaca.

Si estamos de acuerdo en esto, estas fusiones deben darse en todos los procesos y en todos los momentos, y no parece que sea suficiente que consideremos la integración como una simple reunión de personas o conocimientos.

Creo que la metáfora está bien clara.

Proyectar es una forma de preparación y cocción, de labor meticulosa y un tanto sucia en donde proponemos y hacemos. A diferencia de la cocina, en arquitectura se puede siempre retroceder ¡Gran ventaja!

Curiosamente, en la enseñanza parecemos olvidar esto.

Separamos los conocimientos, los tensamos y los ponemos en conflicto. Y le pedimos al estudiante fracciones. Atendemos a las meras combinaciones de espacios o sectores de conocimiento.

En cambio, tanto en arquitectura como en cocina se trata de atender a una necesidad vital e interna, una que es capaz de crear y combinar, a través de un proceso cargado de intención práctica. Aquí, en este fascinante terreno, la palabra es freno o pérdida de tiempo. Lo que cuenta es el talento y el hacer. No hay otra.

Esto no significa que eludamos el estudio. Nada de eso.

Pero convengamos: poco interesa la receta y el verbo si el plato o la obra salen mal. 



 Dos obras mias. 
 
Un ragu napoletano hecho en un día, a partir del recuerdo del que hacía mi padre. Un reto y una tradición de todos los domingos en un cualquier casa napoletana. 

Luego, un proyecto del 2002, no construido. Y por lo tanto, no saboreado, a diferencia del ragu.