miércoles, 21 de diciembre de 2016

ELOGIO DE LA MEJOR FACHADA DE VENEZUELA



En la arquitectura del trópico, una fachada orientada al oeste puede ser una auténtica pesadilla. Todavía recuerdo el crujir de la fachada metálica de una oficina que proyecté al interior del Cubo Negro de Chuao, a comienzos de los 80, recién graduado yo. El sol de la tarde, implacable, dilata los marcos y estos se tensan. El calor que se instala en la fachada y tarda horas en disiparse. En edificios como este, los trabajadores asisten al trabajo con ropas en contraste. Los hay que van muy abrigados. Son aquellos que tienen que lidiar con el frio que produce un aire acondicionado a todo dar para intentar compensar el calor de las zonas aledañas a las fachadas de vidrio. En cambio, los que tienen sus puestos de trabajo en esta segunda zona van ligeritos de ropa porque el calor es insoportable.  

He aquí una advertencia y una lección. 

La segunda lección la ofrecía el maestro Jesús Tenreiro cuando comentaba que el empleo de los parasoles le parecía que implicaba tratar al sol como a un enemigo. Eso no le gustaba.

La primera lección es evidente y sus efectos se padecen muy a menudo en cualquier rincón de nuestra geografía. La segunda lección es sutil y me permite adelantar algunas observaciones sobre el tema. Son producto de mi vivencia en mis dos casas: en la que duermo (que recibe tanto el sol del este como el del oeste, a diferentes horas y de diferentes maneras a lo largo del año) y en la que trabajo; la Ciudad Universitaria de Caracas.



I-FACHADA CALIENTE

Una de las fachadas de mi apartamento de planta baja se orienta al sur-oeste. En relación a ella, hay un antes y un después. 

El antes era un mango que estaba en la casa de al lado, que arropaba con su sombra. Un buen día tumbaron al mango y vino el después. Apareció la claridad, pero también el rabioso calor. 

Y así aparecieron también mis meditaciones acerca de la fachada oeste.

Esta zona, otrora oscura es ahora diferente. El sol de la tarde incide con fuerza en esa pared orientada al oeste. Hay meses, como en mayo, en los que ir al baño en la tarde es asistir a un sauna. A las siete de la noche coloco mi mano sobre la pared que mira al oeste y siento el calor que se ha concentrado allí. 

De modo que, en cuanto al problema del calor, la fachada oeste se las trae. Los arquitectos conocemos (deberíamos) los mecanismos para disipar este problema ¡Y  olvídense de cortinas y de papeles ahumados! El asunto requiere algo más, algo que se proyecte hacia afuera y que cuesta dinero.
    
Para continuar con el tema, es oportuno separar estos dos efectos: luz y calor. Son problemas distintos y requieren soluciones distintas. Y como más adelante veremos, el sol de la tarde también se puede revelar como un buen amigo. 

A veces el arquitecto se limita a hacer de la fachada oeste una simple pared ciega. Cree resolver el problema: fachadas ciegas al este y oeste, fachadas abiertas al norte y sur ¡Veinte puntos cree él! Pensemos en cambio en los problemas: por esa fachada ciega no entra ni luz ni aire. Y son necesarias. Por otra parte, la simple fachada ciega al oeste actúa como una plancha caliente colocada allí ante nuestras narices ¡Cero tres!

Tomás Sanabria emplea dos dispositivos distintos para las fachadas este y oeste. El primero es hacer dos paredes separadas por una cámara de aire. Tenemos así tres elementos: la pared expuesta al sol, la cámara de aire y finalmente segunda pared –la interna- que no está expuesta al sol y que por lo tanto no se calienta. (Sede de la Electricidad de Caracas. Primera etapa). La segunda solución es la de unos pequeños aleros o persianas horizontales que arrojan sombra sobre la pared de la fachada (Sede Banco Central de Venezuela).

En términos de la posición del sol con respecto a los edificios, este y oeste pueden parecer equivalentes pero no lo son. El sol de la mañana lo apreciamos, nos da energía y nos ayuda a despejarnos. El sol de la tarde aparece a la hora del sueño después del almuerzo ¡Fatal! La diferencia es la misma que existe cuando estamos en la playa: el sol de las diez de la mañana no es tan intenso como aquel de las dos de la tarde, aunque su inclinación con respecto a nosotros es similar. 

Para concluir con este punto, digamos que de las cuatro orientaciones puras -norte, sur, este y oeste- la última es la que gana en cuanto al problema del calor.

II-ABERTURAS

En la arquitectura, y en el problema que nos ocupa, hay que hacer otra distinción. El movimiento del sol, aunque varía a lo largo del año y del mismo día, es periódico. Con un ábaco solar podemos saber cómo penetra la luz en un determinado espacio a una cierta hora y en que ángulo. La otra variante la constituye la forma, posición y tamaño de las aberturas. 

Una condición regular en contraste con infinitos diseños posibles.  

La arquitectura es en esencia un sistema de filtros y de límites. Un suelo horizontal y continuo nos sirve para caminar. Otro escalonado nos ofrece en cambio la posibilidad de sentarnos y mirar a la distancia algún espectáculo. 

Las aberturas y sus tantas formas son formas de filtros para animales y personas, para la luz y para el aire. 

Si como dice Alberto Campo Baeza, la luz es el material que todo gran arquitecto domina,  esta destreza se ejerce a través de las formas de las aberturas. 

Nótese que hablo de aberturas y no de ventanas. Las últimas son respuestas convencionales. No hay nada de malo en ello. Pero conviene pensar en aberturas, toda vez que Villanueva nos ha enseñado las ricas posibilidades que nos ofrece eliminar las ventanas y pensar en otro tipo de respuestas para la luz y el aire. 
Y conviene aquí repasar algunas aberturas célebres. 

Una de ellas es la del Panteón romano. No es una ventana convencional. Se le identifica con dos términos: linterna, que alude a la abertura central en las cúpulas y óculo por metáfora a las dos ventanas de nuestro cuerpo.  

Es la única abertura de un espacio circular de unos cuarenta metros de diámetro. El Panteón es uno y todo: un único espacio, una única puerta y ese gran hueco de casi nueve metros de diámetro, perfectamente centrado y a cuarenta metros por encima de nuestras cabezas (aproximadamente a la altura de un piso 12 para los no entendidos).
Si ya lo anterior nos pone a pensar en los alcances de la arquitectura, detengámonos en otro aspecto.
Me gusta colocar dos fotos a mis alumnos: una es una pared perforada y la otra son marcos y hojas de ventanas de cualquier tipo. Luego les pregunto: ¿Son lo mismo? ¿Ambas son ventanas? ¿Cuál es la ventana? 

Digamos que con la pregunta separo la perforación del mecanismo. Y la pregunta sirve así mismo para meditar un poco. 

El óculo del Panteón da pistas a una posible respuesta. Aquí hay abertura, mas no hay mecanismo alguno. Por esa enorme abertura entra el aire y la luz, las palomas y la lluvia. 

Dentro de este templo pagano, de esta maravillosa obra de la arquitectura universal; entra el agua. Cuando afuera llueve entra el agua. Cuando nieva afuera entra la nieve
.
La única abertura es pura, no tiene nada más. Si llueve afuera ¡llueve adentro! 

Y espero no salga por allí alguien a decir que los arquitectos Apolodoro de Damasco y el propio emperador Adriano se equivocaron porque no previeron la entrada de la lluvia. 

Aquí, en el Panteón, lo que prevalece es la pura pureza. 
  
La ubicación de esta perforación genera un interesante ejercicio que permite observar la presencia del halo de luz circular o elíptica moviéndose por las paredes y por el pavimento del Panteón a lo largo de las horas del día y a lo largo del año. Es un mecanismo para concientizar los movimientos de rotación y traslación, los equinoccios y solsticios. 

Recordemos Stonehenge, ese antiguo monumento que es un instrumento para percibir y adorar los movimientos del sol. Y medito sobre mis propias casas y en las fotos que tomo buscando atajar y compartir esas fascinantes variaciones de luz que nos hacen sentir que asistimos a un espectáculo único e irrepetible. Todo sin efectos especiales. Solo arquitectura y luz. El sueño de todo arquitecto que se precie de serlo.  

Los antiguos romanos colocaron la vara de la calidad de las aberturas de luz en un lugar muy alto. 

¿Será casualidad que esa alta vara de calidad tenga que ver con la propia altura de la fuente de luz?

Veamos ahora que hizo Villanueva con la fachada oeste más importante de la arquitectura venezolana.

III-LAS FACHADAS Y ABERTURAS DE LA CIUDAD UNIVERSITARIA DE CARACAS

En cuanto al diseño de fachadas y aberturas, Villanueva en la Ciudad Universitaria nos brinda estupendas lecciones.

Las decisiones en cuanto a orientación de los edificios de la Ciudad Universitaria de Caracas son netas, claras. Veamos.

A excepción de algunos elementos singulares, la mayoría de edificios coinciden con los cuatro puntos cardinales. Los edificios de Arquitectura, FACES, Farmacia tienen sus fachadas alargadas orientadas al norte y al sur. Para diferenciar al edificio de la Biblioteca, el volumen rojo y negro que domina el conjunto, Villanueva lo gira noventa grados respecto a los otros edificios altos.  

Otra constante la encontramos en la orientación preferente de los espacios de aulas. Se abren al norte, la fachada de menor incidencia solar en el hemisferio en el que nos encontramos. A esta orientación favorable se le suma otra cualidad: la hermosa vista del Ávila. 

En otros espacios, la luz penetra por lo alto. Tal es el caso de los espacios de circulación y de los techos de los Talleres de Plástica de la Facultad de Arquitectura (hoy Taller Galia). En estos casos, la orientación escogida para la abertura es la misma: el norte. 

Hasta aquí, todo perfecto. Pero todavía falta algo. 

La arquitectura de la Ciudad Universitaria muestra la importancia de los espacios de circulación y las posibilidades de su tratamiento. 

Ya lo sabemos, uno de los atributos del conjunto universitario reside en esos fantásticos corredores sombreados que nos permiten recorrer y admirar fachadas de color, cuerpos, árboles y pájaros. 

Dentro del tema del movimiento del sol es importante destacar cómo funcionan los patios. 

En el lugar en donde se perfora el techo, allí penetra la luz. Y como el sol se mueve permanentemente, las zonas de luz y sombra dentro y alrededor del patio cambian también, sin cesar. 

Cuando el sol se inclina en forma pronunciada (temprano en la mañana o después de las cuatro de la tarde) las zonas aledañas a los patios se llenan de luz. Esta penetra cinco, seis, siete o más metros de acuerdo a la hora y a la altura de las aberturas. 

Todo esto sucede –siempre- en espacios de circulación. Y aquí reside una gran lección, que Villanueva recoge de nuestra arquitectura tradicional. Si estas luces profundas se empleasen en espacios de permanencia, lo que aquí es virtud se transformaría en penuria. 

Eso es lo que sucede en la sala de mi casa. En el mes de marzo no hay sobremesa de almuerzo aceptable, porque la luz entra violentamente, encegueciendo y acalorando a mis invitados. 

En conclusión, los patios permiten el paso del aire y la luz y alrededor de ellos se genera un espectáculo de luz cambiante que reúne utilidad y belleza. 

En el punto anterior advertimos acerca de las infinitas posibilidades del diseño de las aberturas. 

Una de las que emplea Villanueva es el bloque calado ¡Atención. Solo en espacios de circulación!

Es un elemento que junto a otros permite realizar un cerramiento vertical, estableciendo un límite físico. Cierra el espacio, lo limita. Pero al mismo tiempo sus pequeñas perforaciones permiten el paso de aire y luz. 

Se llega entonces a esa hermosa paradoja que es la pared de bloque calado. Es lo primero porque se hace en forma similar a una pared convencional y porque cierra toda la superficie vertical. Simultáneamente no lo es, porque es perforada.   

Cabe pensar un momento en las diferencias entre este sistema de aberturas y el óculo del Panteón. 

Ya antes dijimos que en el Panteón lo singular hace el todo: el óculo es la única abertura de luz. En cambio, los bloques calados son muchísimos y pequeños. 

El óculo es un solista, un Pavarotti de la luz. Las superficies de bloques calados, como las emplea Villanueva en la Ciudad Universitaria, son un grandioso coro de voces de luz. 

Sin embargo se asemejan en algo. Son pura abertura, no poseen mecanismo de control de paso de aire o luz. Si algún día llueve venteado, los corredores se inundan.  

Villanueva una vez lo dijo: prefería unos pocos días al año con pisos mojados ante una gran mayoría de otros frescos, iluminados y ventilados. 

Hasta aquí las razones funcionales. Pero hay belleza también. 

Hay un espacio de la Ciudad Universitaria en donde el efecto de sombras y luces adquiere carácter de fantasía. Es el corredor que prolonga la Plaza Cubierta hacia el sur. Aquí, la fachada perforada está orientada al oeste franco. 

El efecto requiere de ciertas condiciones de hora, es un espectáculo efímero. Ocurre ya avanzada la tarde. Y se aprecia mejor en ocasión del solsticio de invierno, el día en que el sol se inclina más hacia el sur. 

Y hoy, 21 de diciembre de 2016, podremos asistir a ver este hermoso lugar. 

Es aquí en donde se encuentra la mejor respuesta de la arquitectura venezolana a la fatídica fachada oeste.

En ocasión del solsticio de invierno, el día más oscuro del año en el hemisferio norte, Villanueva ha hecho tal proeza. 

¡Dime tú si no es un genio!

 


 Fotos: 

1-La sala de mi casa en la tarde. (Luis  Polito)

2-Caja Granada. Alberto Campo Baeza (1992-2001).
Foto: http://www.plataformaarquitectura.cl/cl/02-55163/clasicos-de-arquitectura-caja-granada-impluvium-de-luz-alberto-campo-baeza/caja-granada_09_duccio-malagamba
  
3-Panteón. Roma. Apolodoro de Damasco (118-125 d. C.)
foto: https://www.flickr.com/photos/ricard_garrit

4-Corredor norte-sur Plaza Cubierta Ciudad Universitaria de Caracas (Luis Polito) 

2 comentarios:

  1. Excelente artículo, por fin veo a un arquitecto cósmico en el siglo XXI. Quiero decir, que integra al sol dentro de su visión arquitectónica. Esta información es fundamental tanto en lo funcional como en lo estético. Los ejemplos que pones son muy buenos y la última foto un hermoso coro de luces tal como dices tu. La metáfora musical me parece genial.
    Antonio Polito

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  2. Gracias Antonio. Ha sido un placer compartir en este día aproximaciones desde diversos ángulos a un fenómeno tan rico e importante como lo es el Dios Sol. Como escribo en el artículo, tanto en la CUC como en mi propia casa he hecho observaciones de como la luz penetra. Un abrazo, y esperemos otra ocasión para repetir esto. Un abrazo.

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