lunes, 16 de mayo de 2016

LA ARQUITECTURA CLÁSICA COMO PROPUESTA UNIVERSAL (01-06-1994. Revisado el 16-05-2016)

Para Vincenzo Scamozzi, tratadista de finales del Siglo XVI y autor del libro La idea della Architettura Universale, cuyo emblemático título ya revela las ideas glo­balizantes de la esfera del mundo clásico, la arquitec­tura era:

Una ciencia que cuenta con sus propias leyes, ciertas e indiscutibles, y que puede enseñarse y demostrarse al igual que las matemáticas..." (Wiebenson, 1988: 83).

Para Scamozzi, la arquitectura es ciencia y es universal. Se revela aquí el intento de algunos tra­tadistas vinculados a la tradición que pensaban la ar­quitectura como un saber estático y permanente, capaz de permanecer inmutable más allá de la historia. (1).

Una arquitectura que se entiende sometida a leyes, de­mostrable y precisa como las matemáticas constituye un cuerpo disciplinar perfectamente universal. La propia perdurabilidad de algunas características de la arquitectura clásica, tales como el sentido de orden, la simetría, la composición triparti­ta, aparecen desde la antigua Grecia hasta las regresivas arqui­tecturas de Robert Venturi o Michael Graves o de nuestro más cercano Melia Caracas.
           
Por otra parte, si revisamos las ilustracio­nes del interesante texto de John Summerson El lenguaje de la Arquitectura Clásica encontramos como algunos edificios y temas se repiten a lo largo de la historia y la geografía, contradiciendo cualquier intento de adecuación de la forma a la función pues el mismo tipo edilicio parece adecuarse a diversas circuns­tancias y condiciones. Tal es el caso que muestra Summerson cuando parte del "original" Templo Griego que se repite en Birmingham en 1832 como pro­yecto de concur­so para un Ayuntamiento, o en París en 1842 trans­for­mado en la Igle­sia de La Madei­le­ne. El mismo fenó­meno se da con el Panteón Romano, con el Arco de Cons­tantino, y más particularmente con la repetición de los órdenes clási­cos en innumerables edificios.

Esta perdurabilidad y obstinación, como lo demuestran los estertores de la moda ya antes citados, constituye un argumento que habla en favor de la univer­salidad de la arquitectura vinculada al clasicismo.

Dos consecuencias parecen desprenderse de lo anterior: por un lado el desarrollo del espíritu de la academia decimonónica como actitud aferrada al pasado y a la imitación en donde el proceso de diseño y de aprendizaje -de teoría- se vio casi reducido a la copia y a la re­producción. La superación de esta situación, y luego su ocultamiento y desprecio, estuvo en mano de los ideólogos de la modernidad quienes condenaron con fuerza esta situación.
           
Pero hay algo más.

De manera contundente e inevitable, lo clásico constituye el único origen de esa disciplina que llamamos arquitectu­ra. Ideas como las de orden, equilibrio, proporción, etc., si bien con sus particulares interpretaciones, cons­tituyen un conjunto de nociones e ideas que difícilmente pueden ser rechazadas y que tienen como fuente primor­dial la búsqueda de armonía en el mundo y la natu­raleza, la convicción de que la arquitectura trasciende a la construcción, de que somos cuerpo y espíritu, idea y materia. (Al respeto se sugiere la lectura del libro de Tzonis et. Alt. incluido en la bibliografía).

De los intentos de universalidad teórica, la arquitectura clásica es una moneda de dos caras.

Por un lado constituye el mayor peligro: el academi­cismo como actitud. Y hoy sabemos que el academicismo se puede disfrazar en formas curvas y sinuosas.

Por otra parte, esa misma tradición es una gran fuerza histórica -de edificios y textos- rica y contundente que comienza en el templo griego, pasa por las grandes obras del Renacimiento, y deja notables edificios en el Siglo XIX y aún en el siglo XX a tra­vés de un clásico como Louis Kahn.

Notas

(1) La noción de historia como cambio y motivo de investiga­ción de naturaleza cien­tífica, y por lo tanto distancia­ de los hechos, corres­ponde a la mo­der­nidad y más par­ticularmente al siglo XIX. Lo que para nosotros sería esa historia, vuelta ope­rativa o no, era en el ámbito del clasi­cismo tradición o sabidu­ría de los anti­guos, enten­diendo por antiguos los  grie­gos y roma­nos. No existía, por lo tanto, una idea de histo­ria tal y como nosotros la en­tendemos.


 Bibliografía

PATETTA, L. (Ed.). Historia de la arquitectura. Antología crítica. Madrid, Blume, 1984
SUMMERSON, J. El lenguaje clásico de la arquitectura. Barcelona, Gili, 1984
TZONIS, A. LEFAIVRE, L. Y BILODEAU, D. El clasicismo en arquitectura. Madrid, Blume, 1984
WIEBENSON, D. Los tratados de arquitectura. Madrid, Blume, 1988.


 El Museo Kimbell de Louis Kahn. Un clásico en el siglo XX



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