domingo, 22 de enero de 2017

EL MAGO Y EL FUNAMBULISTA



El texto que sigue a continuación es un extracto de mi tesis doctoral “Ciencia, arte y arquitectura en tiempos modernos” (UCV-FAU-2013). Considero que lo que sigue es esclarecedor en cuanto  a la distinción  entre las artes y las ciencias. Y lo debemos a Inmanuel Kant.
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Uno de los puntos que desarrolla Immanuel Kant (1724-1804) en su Crítica del juicio se titula “Del arte en general”.  Leamos algunas de las propuestas: 
Arte se distingue de naturaleza, como hacer (facere) de obrar o producir en general (agere)…

Arte, como habilidad del hombre, distínguese también de ciencia (poder de saber), como facultad práctica de facultad teórica, como técnica de teoría (como la agrimensura de la geometría). (Kant, 2007: 245).

Creemos importante recordar aquí la propuesta más general de Kant contenida en sus tres obras dedicadas a la crítica: una de ellas está dedicada a la razón pura, otra a los asuntos de la moral y la que comentamos al mundo del arte y la estética.
 
Kant plantea que la esfera del arte constituye un mundo propio y que toca a facultades humanas distintas de las que se emplean en la ciencia. Para explicar los saberes, pero sobre todo las formas de actuación y trabajo del artista y del científico nos dice lo siguiente:



Cuando, a pesar de conocer algo lo más completamente posible, no por eso se tiene en seguida la habilidad de hacerlo, entonces, y en tanto que ello es así, pertenece eso al arte. Camper describe muy exactamente cómo se debe hacer el mejor zapato; pero seguramente no podía hacer uno solo. (Kant, 2007: 246).

Luego, en  una nota a pie de página nos encontramos con esta esclarecedora propuesta:  
          
En mi región dice el hombre vulgar, cuando se le propone un problema, algo así como el del huevo de Colón: Eso no es un arte, es sólo una ciencia. Quiere decir que, cuando se sabe, se puede, y eso mismo dice de todas las pretendidas artes del prestidigitador. Las del bailarín en la cuerda, en cambio, no dudará nunca en llamarlas artes. (Idem).

Una vez que el mago nos explica su magia, esta pierde su encanto, y nosotros mismos seremos capaces de reproducir el acto. Este es el proceder de la ciencia. De otra forma, aunque el equilibrista nos explique su técnica y nos alerte sobre los cuidados que debemos tener en la práctica del caminar sobre la cuerda, no tendremos dominio de esa actividad sino con la práctica.

Existen numerosas propuestas y fórmulas que intentan describir y analizar el desempeño del trabajo y el de la enseñanza del proyecto de arquitectura.
 
Pero Kant, hace ya bastante tiempo, dio en el clavo.

El arquitecto sí necesita de un saber, pero es un saber que no es el del mago, que se transmite como conocimiento a utilizarse directamente. El tipo de conocimiento del arquitecto se parece más al del equilibrista. No se transmite y aplica, requiere de práctica y de arte. He aquí una importante conclusión.  

 




-KANT, Inmanuel (2007). Crítica del juicio. Madrid, Editorial Espasa Calpe sa. 

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