martes, 9 de junio de 2015

NUESTRO PROPIO COLLAGE I- CULTURA CONTEMPORANEA (09-VI-2015)

Estos son tiempos de información y comunicación nunca antes vistas. Estos recursos técnicos conforman una expansión. Los contenidos de las reflexiones teóricas, históricas, sobre la profesión y sobre las obras se han ampliado enormemente. El panorama puede parecer rico y variado pero es igualmente abrumador.
Después de algunos años en que la arquitectura tuvo sus títulos y aires estilísticos –postmodernismo, deconstrucción- hemos llegado a un punto carente de etiquetas formales dominantes. Como dice el colega Juan Vicente Pantin, cada arquitecto se ve tentado a construir su propia teoría. Y así como en los 80 Jencks dibujó un mapa de intrincados caminos, Zaera Polo ha hecho lo mismo en tiempos más recientes. El último mapa es más abigarrado.
Hoy, más que nunca, las revistas muestran, aun en un mismo número, arquitecturas dispares y opuestas. La línea editorial Casi ha desaparecido. Las revistas son cada vez más similares y vemos en ellas casi siempre lo mismo. En el mismo número lees las acideces de Quetglas sobre la arquitectura contemporánea para luego ver, sin solución de continuidad, una variedad de obras que son casos de lo que condena.  

Es difícil saber hacia dónde se orienta la inquietud teórica actual. En algunas obras sólo se reconocen estilos personales cual marcas de fábrica. Algunos que escriben o dictan conferencias parecen más preocupados por argumentar que por mostrar. Así, es más lo que ocultan que lo que afirman.
Veamos ahora algunas facetas de la arquitectura contemporánea.

I.1- EXCESOS DE IMAGEN


Una presencia dominante es la imagen; intervenida, virtual, lejana, irreal presta a cualquier forma de voyeurismo. Presencia inevitable y constante y no importa que la arquitectura se vaya desdibujando o desapareciendo del todo.  
El film Koyaanisqatsi (1982) de Godfrey Reggio, es una colección de rápidas secuencias a vuelo de pájaro que muestra claves de esta época. Nos quedamos sorprendidos por las imágenes tan familiares: la autopista incrustada en la ciudad, la avenida en trinchera, el edificio prismático de vidrio, los peatones apresurados en metros y estaciones, los habituales lugares de comida rápida donde se engulle, el pavimento plástico y cuadriculado con luces titilantes de una discoteca.
Wim Wenders (1945) es uno de los cineastas que más ha recreado la cultura de la ciudad contemporánea. En su film Hasta el fin del mundo (1991) vemos 12 diferentes ciudades y lugares del mundo en los cinco continentes. Un dispositivo –a modo de lentes- permite ver imágenes con exacto realismo. El efecto secundario es el  profundo dolor físico y la tristeza. La trama se complica cuando el aparato comienza a permitir recrear los propios sueños.  
Asistimos, pasmados, a un mundo de puras imágenes. Muchas arquitecturas las realzan, realizadas por arquitectos famosos y sumamente ocupados con oficinas en diversos lugares del mundo y distraídos entre aviones, hoteles y charlas.
Una biblioteca de Louis Kahn es un monumento y un homenaje al libro. El lugar para leer es un lugar de aislamiento. En cambio una biblioteca de Rem Koolhaas –con sus impactantes formas- se parece mucho a un local de comida rápida.  
Las ciudades se vuelven uniformes. Lo mismo hacen libros y revistas. Observamos imágenes poderosas y  pretenciosas. Sin embargo, no lo son tanto, si después de poco tiempo son consumidas.





 LOUIS KAHN. EXETER LIBRARY (1965-72). Un monumento, un homenaje al libro y un lugar de aislamiento

REM KOOLHAAS. SEATTLE PUBLIC LIBRARY 81999-2002). Un biblioteca que se parece a un local de comida rápida. 


I.2- TITANISMO

Según el psicólogo Rafael Ernesto López, el titanismo es un “asunto apremiante de nuestros tiempos”. López describe a este carácter psicológico contemporáneo como dotado de una acelerada desmesura, de un proceder de excesos, sin leyes ni límites (López, 2000: 9-29). Edificios de programas vastísimos, edificios que festejan  milenios, mundiales de futbol y olimpiadas, grandes aeropuertos; son todos expresiones de titanismo.
La clásica oficina de arquitectura, con dos, tres, hasta 10 o veinte participantes, ha dado paso en algunos casos a empresas multinacionales de las que nos preguntamos como hace el arquitecto a la cabeza para manejar tantos proyectos.
La actualidad es desmesura, aunque la crisis económica ha dejado sus huellas. Otras desmesuras –por defecto– se constatan cuando identificamos enormes carencias. En la arquitectura y en muchas otras expresiones de un país como Venezuela se asiste al retroceso. El Estado ya no construye hospitales,  escuelas y parques. Se proyecta y se construye con estándares muy deficientes. He aquí el anverso del titanismo.  

MAPA-COLLAGE DE LAS OBRAS DE NORMAN FOSTER EN EL MUNDO
Esta es solamente una pequeña sección recortada

RENZO PIANO. AEROPUERTO KANSAI (1987-1994). Un aeropuerto de 1700 metros de largo sobre una isla artificial de 4000 metros de largo


I.3- ASUNTOS MARGINALES

Ante tanta expresión homogénea, de repente nos entretenemos con expresiones marginales. Pueden ser aquellas que se derivan de programas atípicos, tales como viviendas y servicios para homeless, viviendas para niños y mujeres maltratadas, conjuntos residenciales para prostitutas adictas. Aquí, en nuestro país, en tiempos ya no tan recientes se han realizado concursos de arquitectura para niños de la calle y propuestas muy diversas para nuestros barrios. Si de materiales se trata, descubrimos nuevos intereses en el uso del cartón y del bambú o en el empleo de materiales de desecho.
Hasta la arquitectura de calidad se ha vuelto un tema marginal. Un arquitecto como el suizo Peter Zumthor (1943), autor de obras de notable calidad y ganador del Pritzker en 2009, no tiene ni una extensa obra ni edificios de gran tamaño.
Proyecto y arquitecturas de calidad, tratan de abrirse paso, silenciosamente, en este mundo titánico.

PETER ZUMTHOR. TERMAS DE VALS (1996). Un arquitecto al margen

I.4- LOS DISCURSOS

En una antología dedicada a la arquitectura moderna (Textos de Arquitectura de la Modernidad de  Pere Hereu, Josep Maria Montaner y Jordi Oliveras) nos encontramos con este texto: El fin de lo clásico de Peter Eisenman, de 1984.

El texto se regodea en filósofos contemporáneos y en problemas conceptuales, adentrándose en los complejos vericuetos de álgidos temas: razón, ficción e historia.
Ya de lleno en el texto, Eisenman nos suelta esta perla: la arquitectura –desde el renacimiento hasta nuestros días– se ha equivocado. Esto ha pasado porque los arquitectos se han fundamentado en la razón y según él, esta ha sido la gran ficción de la modernidad. Aunque barre de un plumazo con quinientos años de arquitectura, lo hace fundamentándose en filósofos. En ningún momento habla de arquitectos u obras. 
Eisenman provoca y quiere derribar íconos. Anuncia el fin de lo clásico, pero también el fin de lo moderno. El reto es interesante, y algunos se han sentido atraídos por este intento.
Para hacer esto, Eisenamn ha hecho de la arquitectura un problema intelectual. Se aproxima a la arquitectura desde unos ideales prestados de otra disciplina. Pretende que la arquitectura exprese algún acierto o alguna falsedad epistemológica. Este es el Eisenamn de 1984.
En tiempos más recientes, hace otras propuestas (Congreso Europeo sobre Investigación Arquitectónica y Urbana EURAU 08, 2008) . Aquí nos sorprende cuando señala que los jóvenes estudiantes en sus intentos vanguardistas ya no miran hacia Palladio y Le Corbusier, dos de los grandes de esa arquitectura que antes despreció como equivocada en su pretensión racionalista.
Por lo visto, ha pasado de la provocación al llamado al orden. Son los discursos volátiles de estos tiempos. Pero sigamos.
En muchos de los proyectos de Eisenman reconocemos estos rasgos: el giro, las retículas superpuestas, el desequilibrio, la disonancia y la abstracción. Sus formas no hacen evidente algún problema concreto. Responden a ese abigarrado mundo intelectual en el que se mueve. No entendemos sus formas, pero reconocemos sus formas. Rehuye el campo cartesiano, la horizontal y la vertical.
Pero he aquí que Eisenman nos sorprende. En el congreso citado de repente sentencia: 
Hoy en día es difícil ganar un concurso con el proyecto de un edificio recto: parece que los edificios deben hacer gimnasia, retorcerse, girar... Esta es la arquitectura de la era de los medios de comunicación.
Ha dado un giro de 180 grados. De ser promotor de los edificios gimnásticos y retorcidos ha pasado a ser crítico de ellos. No es la primera vez en la historia que se produce un fenómeno como este. Las personas cambian y sus ideas también. Lo gracioso del asunto es que esto se haga sin ningún pudor, sin sentir la necesidad de dar aunque sea alguna mínima explicación. Este sí es un rasgo de estos tiempos. Se puede decir hoy una cosas y mañana otra. Ni el que realiza semejante pirueta ni la crítica arquitectónica parecen enterarse. Vivimos tiempos de edificios titánicos, pero también de gestos, actitudes y proclamas que se alejan de la buena medida y de la correcta proporción.
La arquitectura, tal como otras manifestaciones culturales, intenta acoplarse a su propio tiempo. Pero nunca como en estos, es tan difícil poder reconocer alguna mínima pista, un atisbo de coherencia. No hay asideros y la arquitectura lo expresa.
PETER EISENMAN. CIUDAD DE LA CULTURA (1997-no concluida)
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
HEREU, Pere, MONTANER, Josep Maria y OLIVERAS, Jordi. 1994. Textos de la arquitectura de la modernidad. Madrid, Nerea.
LÓPEZ PEDRAZA, Rafael. 2000. Ansiedad cultural. Caracas, Festina Lente.
Asuntos Culturales del Cuatricentenario de Caracas.
EISENMAN, Peter (2015) Siete puntos. (Recuperado el 28-IV-2015.  
http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=244)






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