domingo, 5 de julio de 2015

NUESTRO PROPIO COLLAGE. III-ARQUITECTURA MODERNA

Este texto no pretende elaborar una síntesis de la arquitectura moderna. Ya establecimos que nuestro propio collage deriva de aquel que nos proponen Fred Koetter y Colin Rowe. Digamos entonces que expondremos aquí unas notas aisladas que creemos aportan a la discusión acerca del legado moderno.

El texto Ciudad collage se construye por contrapuntos: zorro y erizo, tradición y modernidad. Esta última es entendida como una ruptura tajante con el legado de la tradición. Ciudad y arquitectura son nuevas en forma y concepción. Tradiciones urbanas, tales como calles, avenidas y plazas, se desdibujan o desaparecen del todo.

Analicemos un poco más de que se trata, toda vez que el arquitecto moderno (también el científico moderno) se plantea casi cualquier problema. Sus herramientas son el argumento y la razón. Casi nunca lo ya aprendido o lo ya conocido.

UNA NUEVA ARQUITECTURA


La arquitectura del Siglo XX constituye la más importante transformación de la historia de la arquitectura. El límite franco entre interior y exterior se desdibuja y da lugar a un nuevo paradigma: Las plantas libres de Le Corbusier, las superficies vidriadas de Mies, la integración perceptiva entre edificio y entorno inmediato en Wright.

Para Le Corbusier, “un edificio es como una pompa de jabón. Esta burbuja es perfecta y armoniosa si el aliento ha sido equitativamente distribuido en su interior. Es exterior es resultado del interior” (Rowe y Koetter, 1981: 60). Si en la tradición el espacio urbano es protagonista, aquí es un simple resultado.[1]

Varios aspectos interesan destacar aquí: el prisma vidriado como objeto singular, la disposición de esos mismos volúmenes en nuevas configuraciones, las perspectivas obsesivas de Hilberseimer, los planes de Le Corbusier, en donde verde, vialidades y servicios se introducen en un campo abierto, entre un extenso parque y una ciudad indeterminada.

 
 Le Corbusier. Unidad de Habitación de Marsella (1947-52)


 EDIFICIOS AUTONOMOS


Otro aspecto es el contorno del edificio y la expresión de funciones o determinantes internas. La forma resultante proviene desde adentro (la pompa de jabón). El volumen es autónomo, no acepta ni adosamiento ni está sujeto a una forma mayor.

La ubicación de la Unidad de Habitación de Marsella no responde al trazado de la avenida ni a la forma del terreno. Se orienta de acuerdo a la posición del sol: las dos fachadas largas orientadas hacia el este y oeste respectivamente.

El Teatro Teresa Carreño y el Ateneo de Caracas son ejemplos notables en el caso venezolano.

En el caso de los Bloques del 23 de Enero, se crean un conjunto de terrazas, en las que se ubican los bloques. El espacio entre edificios cumple funciones: aireación, ventilación, circulación, pero no es espacio urbano conformado y delimitado.


Carlos Raúl Villanueva. Conjunto 02 de Diciembre (23 de Enero) (1955-57)


NOVEDAD Y VARIEDAD


Las razones, motivos y teorías que explican las formas resultantes son muy variadas, tal como lo es la modernidad. Le Corbusier dibuja el movimiento del sol y la vegetación indeterminada circundante como las principales determinantes exteriores, Wright entiende e interpreta la naturaleza circundante en términos psicológicos y perceptivos. Para Mies casi no parece existir el problema y se concentra en el idealismo y pureza de la forma del edificio.

Para otros, el problema es la construcción, el proceso, la cadena, la secuencia, la racionalidad y economía del propio proceso de construcción, dejando de lado el efecto resultante. Se pueden citar aquí a dos de los notables directores de la escuela de la Bauhaus: Walter Gropius y Hannes Meyer. Algunos más, se concentran en la búsqueda de la novedad: Sant` Elia, Archigram y Yona Friedman. Son los utópicos futuristas, tal como lo señalan Koetter y Rowe.

En las propuestas urbanas de Le Corbusier, vemos perspectivas dibujadas desde un hipotético interior. Estos dibujos nos muestran la visión que anhela: abundantes árboles, y siluetas indeterminadas y distantes de otros edificios. Aquí desaparece el espacio cívico tal y como lo había conocido y concebido la tradición. 

 
Le Corbusier Ville contemporaine (1922)


EL BALANCE DE LA MODERNIDAD


A su vez, la propuesta urbana moderna se degrada y devalúa, pues “la ciudad en el parque se convierte en la ciudad en el aparcamiento” (Rowe  y Koetter; 1981: 67) (The city in the park become the city in the parking lot”). Como nunca, esta frase es reveladora, y nos muestra lo lamentable que puede ser la caída desde las alturas de las teorías.

Si en el ámbito de lo urbano se debe reconocer un balance negativo, no se puede decir lo mismo en otros tantos aspectos. En un breve lapso de tiempo, los maestros de la arquitectura moderna crearon una nueva arquitectura, que hoy día sigue siendo la referencia básica de la arquitectura.

II.3.5- CUERPOS Y DISCURSOS DIVIDIDOS


Regresemos al tema de la ruptura con la tradición, al tema de la modernidad como problema y a las formas del discurso y del pensamiento. Quizás conviene preguntarnos como es que la ciudad en el parque se convierte en la ciudad en el estacionamiento.

En casos más frecuentes de lo deseado, se observa una disociación; un objetivo no solo no logrado sino traicionado o desmentido (los filmes de Reggio y Wenders de los que antes hablamos lo muestran).  

Es difícil ubicar tiempos y fechas, pero desde mediados del Siglo XX la modernidad se confronta con su propia crisis de métodos y resultados.

Algunos intelectuales, se adelantan aun más y advierten sobre algunas “pérdidas” que conlleva la modernidad y su impulso científico. Uno de estos es Carl Jung (1875-1961), quien recorre un camino si se quiere inverso, al plantearse la existencia de ciertas permanencias psicológicas –arquetipos- que lo llevaron a estudiar la historia y los mitos de la antigüedad. Jung diferencia el conocimiento de la sabiduría, el primero asociado a la modernidad y la segunda a la tradición. Estas son sus palabras:

Existen no pocos que en épocas más antiguas no se hubieran vuelto neuróticos, es decir, en desacuerdo consigo mismos. Si hubieran vivido en una época y en un ambiente en que el hombre estaba vinculado a través del mito con el mundo del misterio, y por este con la naturaleza viva y no meramente contemplada desde afuera, se hubieran ahorrado la desavenencia consigo mismos...

Se trata de hombres que no (...) hallan el camino a un mundo meramente externo, es decir, a la concepción de las ciencias, de la naturaleza, ni puede satisfacerles el fantástico juego de palabras intelectual que no tiene nada que ver lo más mínimo con la sabiduría.” (Carl Jung, 1971: 154-155).

Para Jung, el predominio del intelecto, de la razón y de la ciencia constituyen formas de fraccionar y traicionar la realidad. Son trampas y formas de mentira. Veamos como define a un intelectual:
 
A los pacientes más difíciles y desagradecidos pertenecen, según mi experiencia, junto a los habituales mentirosos, los denominados intelectuales, pues en ellos una mano ignora lo que hace la otra. Cultivan una sicología “a compartiments.” (Ídem).

Intelectuales y mentirosos están cerca. Se puede decir que son lo mismo.

En torno a esto, recordemos el discurso simplificado y limitado que hace Le Corbusier en torno a los temas de la ciudad y el urbanismo, reduciendo algunas propuestas a simples formulaciones, casi académicas según Rowe y Koetter, mientras la riqueza de su arquitectura no se verificaba en los temas de la ciudad. Otro caso es el de Villanueva, quien en los mismos años que proyecta el conjunto del 23 de Enero escribe textos en los que critica el urbanismo moderno y resalta las virtudes de las ciudades coloniales. En ambos casos, nos encontramos con propuestas intelectuales producidas por compartimentos separados. En un caso se disocia el proyecto a diferentes escalas, en el otro se olvida lo que se aprecia al momento en que se propone.

 
UN ESTACIONAMIENTO DE CUALQUIER CIUDAD




BIBLIOGRAFÍA


JUNG, Carl. 1971. Recuerdos, sueños, pensamientos. Barcelona, Editorial Seix Barral Biblioteca Breve (1ª edicion en inglés: 1961-1962).

ROWE, Colin y KOETTER, Fred. 1981. Ciudad Collage. Barcelona, Gustavo Gilli.



[1] No queremos unirnos aquí al cómodo coro de detractores de pasillo y de academia que quieren ver en Le Corbusier a un insano propulsor y culpable de lo más nefasto de la arquitectura y el urbanismo del siglo XX. Los autores que citamos frecuentemente en este texto, Rowe y Koetter, se cuidan de caer en tal simplificación. Otro tanto hacen William Curtis y Geoffrey Baker, quienes nos ofrecen frescas e interesantes interpretaciones de la obra de Le Corbusier, curiosamente a través de la experiencia directa de las obras, y no de formulaciones teóricas abstractas. Una edición de la revista Domus, nº 687, octubre de 1987, dedicada a conmemorar el centenario del nacimiento de L C, tiene un editorial escrito por Mario Bellini, titulado “La Corbusier ancora da scoprire” (Le Corbusier aun por descubrir). El tono de este artículo y del análisis de obras casi todas parisinas nos muestran a un L C capaz de ofrecer interesantes respuestas en relación con el tema del contexto urbano y de la ciudad tradicional.

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