jueves, 29 de junio de 2017

APLICACIÓN DEL MÉTODO CIENTÍFICO Y CONTRASTE EVIDENTE



Mario Bunge explica qué es el método científico y cuál es su  aplicación. A pesar de que la ciencia aspira a la universalidad; ni la ciencia ni su método constituyen herramientas universales para todos los fines. Leamos:
El hombre ha inventado multitud de procedimientos para hacer de todo, desde naves espaciales hasta teorías sobre teorías. Algunos de esos procedimientos son regulares y han sido formulados explícitamente como otros tantos conjuntos de reglas. En tal caso suele llamárselos métodos. Pero no toda actividad racional ha sido reglamentada. En particular, nadie ha hallado, ni acaso pueda hallar, métodos (o  conjuntos de reglas) para inventar cosas o ideas. La creación original, a diferencia de las tareas rutinarias, no parece ser reglamentable. En particular, no hay métodos (reglas) para inventar reglas (métodos). Y recíprocamente, el trabajo reglado, o a reglamento, no se distingue por su creatividad. Quienes creen lo contrario, o sea, que hay métodos para-toda; y que para hacer cualquier cosa es necesario y suficiente aprenderse los métodos correspondientes, son metodólatras a quienes no se debe ninguna contribución original obtenida usando los métodos que preconizan.



La manera de proceder característica de la ciencia se ha dado en llamar el método científico, El nombre es ambiguo. Por una parte es merecido porque tal método existe y es eficaz. Por otro lado la expresión “método científico” es engañosa, pues puede inducir a creer que consiste en un conjunto de recetas exhaustivas e infalibles que cualquiera puede manejar para inventar ideas y ponerlas a prueba. En verdad no hay tales recetas populares para investigar. Lo que sí hay es una estrategia de la investigación científica. Hay también un sinnúmero de tácticas o métodos especiales característicos de las distintas ciencias y tecnologías particulares. Ninguna de estas tácticas es exhaustiva e infalible. No basta leerlas en un manual: hay que vivirlas para comprenderlas. Ni dan resultado todas las veces. El que resulten depende no sólo de la táctica o método sino también de la elección del problema, de los medios (conceptuales y empíricos) disponibles y, en no menor medida, del talento del investigador. El método no suple al talento sino que lo ayuda. La persona de talento crea nuevos métodos, no a la inversa.



La estrategia o método general de la ciencia nació hace tres siglos y medio, se desarrolló y no tiene miras de estancarse en su evolución. Además de desarrollarse, se expandió y sigue expandiéndose. Ya domina a las ciencias sociales y a la tecnología, y está comenzando a presidir algunas zonas de la filosofía. El día en que el método científico las domine a todas podremos hablar de filosofía científica, no ya como de un embrión, sino como de un organismo maduro.



En resumen, el método científico no es tan milagroso como suelen creerlo sus entusiastas que sólo lo conocen de oídas, ni de tan corto alcance como quieren hacemos creer sus detractores. El método científico no es ni más ni menos que la manera de hacer buena ciencia, natural o social, pura o aplicada, formal o fáctica. Y esta manera puede adoptarse en campos que antes no eran científicos pero que se caracterizan, al igual que la ciencia, por la búsqueda de pautas generales.



Para terminar: puesto que el método científico es la manera de conducir investigaciones científicas, no puede aprenderse separadamente de éstas. Se va dominando el método -y acaso también modificándolo- a medida que se va haciendo investigación original. Lo que sí puede hacerse, una vez aprehendido -no simplemente aprendido en algún texto- es analizarlo. Este análisis del método científico es una parte importante aunque poco voluminosa de la filosofía de la ciencia o epistemología. La mejor manera de efectuarlo es sobre la base de casos particulares tomados de la historia de la ciencia o, aún mejor, de la ciencia contemporánea. (Bunge, 2006: 48-49).

A destacar algunas palabras entre líneas:



-El hombre hace de todo y con diversos procedimientos.



-Cuando los procedimientos se regulan y obedecen a reglas, entonces se les puede considerar métodos.



-Sin embargo, la traducción de procedimientos en métodos no constituye la única forma de racionalidad. Sin método, puede haber racionalidad.



-Para inventar cosas o ideas no hay métodos. Importante aporte a la arquitectura, actividad en la que se inventan cosas.



-Procedimientos que apuntan a lo nuevo, a lo original; no se pueden reglamentar.  



-Aplicar siempre y de la misma manera los métodos conocidos conduce al estancamiento del hacer.



-El método científico se revela engañoso cuando es aplicado como receta.



-El método no es garantía de resultado. No suple al talento, no suple a la búsqueda.



-El método científico no es ni tan bueno ni tan malo. Sí es el mejor procedimiento para la ciencia. 


(Mario Bunge (2006). Epistemología. México DF. Siglo XXI Editores).



 
Veamos ahora una secuencia de fotos, en acercamiento progresivo. Provienen de la planta baja del edificio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, CUC, obra de Carlos Raúl Villanueva. Vemos una superficie de bloques calados y más atrás un mural del artista Victor Valera. Esta estupenda obra la vemos al final del espacio. Es un final pleno de luz y de movimiento. Hemos consultado planos originales del proyecto y no hemos identificado lo que finalmente se construyó. En los planos que vimos, el espacio concluye con una simple pared. 

¿Que llevó a Villanueva a inventar semejante respuesta arquitectónica?  

Creo que nuca lo sabremos y eso poco importa. 

Lo que sí importa es esta magnifica pieza que Villanueva nos regaló. 

No hay método, no hay investigación. Sí racionalidad, sí talento. 

Es el mundo de la arquitectura, uno que está en contraste con las estructuras reglamentadas de la ciencia. 

Nada de polémico en esto: la ciencia sirve para lo que sirve y la arquitectura sirve para ofrecernos obras como las que vemos en las fotos.






 
 


 







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