martes, 30 de agosto de 2016

TOMA INSTANTANEA 003. LA CASA ROBIE POR TITI VARGAS (Subida el 30-VIII-2016)


 
Ando buscando fotos y me encuentro esta. Es un regalo que me hizo la arquitecta y profesora Titi Vargas en la ocasión de un viaje que hizo a Estados Unidos, cuando era todavía estudiante. En el reverso de la foto se lee:

Para el profesor Polito con mucho cariño de Ana Cristina Vargas
En agradecimiento por todo lo que me enseñó. 

Fue un hermoso regalo; por el gesto, por la bella foto y por la dedicatoria.

Todavía recuerdo la conversación que tuvimos cuando obtuve este bello regalo. Titi me comentó que también visitó la Tienda Morris en San Francisco. Esta obra es, en cierto sentido, antecedente del Museo Guggenheim de Nueva York. Y de esta segunda obra hablaba yo en las clases de Teoría.

Había despertado la curiosidad de esta brillante jovencita.

Y cabe recordar aquí también como es que llegué a interesarme por esta obra.

La primera persona que me habló de la Tienda Morris fue Jorge Rigamonti, en los incicios de los ochenta del siglo pasado. Estaba yo recién graduado y Jorge me hablaba de esta no muy conocida obra de Wright.

Tiempo después llegó a mis manos ese manifiesto que fue Complejidad y contradicción en arquitectura de Robert Venturi. Quizás el pasaje que más me gusto del libro (hoy es el único que me gusta. El resto me parece desdeñable en buena medida) es la comparación que hace Venturi entre la tienda y el museo de Nueva York. En otro momento me extenderé sobre esto.

Hoy comparto esta bella instantanea y el recuerdo de dos personas queridas. Jorge que nos dejó hace algún tiempo y Titi que trabaja con un enstusiasmo y un talento admirables.

jueves, 25 de agosto de 2016

OTRA VEZ MONEO. EN CONTRA DE LOS AUTOMATISMOS

Dice Rafael Moneo: 

Debo ahora hacer constar que el que una arquitectura sea apropiada no elimina la posible destrucción del lugar. La libertad de hombres y mujeres para transformar y crear un paisaje que se convierta en marco adecuado para la vida exige tal posibilidad y, en efecto, la historia de la arquitectura está llena de este tipo de episodios. Dicho de otro modo, el que una arquitectura sea apropiada puede reclamar la formulación de un juicio contrario al lugar. La arquitectura, por tanto, no singnifica una respuesta automática, inmediata. 



Rafael Moneo (1995)     “Contra la indiferencia como norma (Anyway Conference)”. En: Contra la indiferencia como norma. Anyway. Santiago de Chile, Ediciones ARQ. Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, p. 37. 

 Urbino. Italia. Un pueblo medieval que, como otros, desafia las respuestas mecánicas al lugar. (Foto: Luis Polito)

viernes, 5 de agosto de 2016

UNA ENTREVISTA A MONEO II (05-VIII-2016)

Moneo da para más. He aquí otro párrafo de la entrevista:


Los edificios una vez terminados dejen de ser propiedad del arquitecto, aunque durante la construcción éste haya vivido la fantasía de proyectar sobre el edificio todos sus deseos, y pasan a ser dueños de sí mismos, dando razón con la lógica de su construcción de su propia realidad física sin necesidad de que nadie, ni con la interpretación ni con la exégesis, se apodere de su ser. La comunicación no es el fin último de la arquitectura.

“Primavera spring 1985”. Entrevista a cargo de Fernando Márquez y Richard Levene. (2004)
Rafael Moneo 1967 2004 El croquis. Madrid, El Croquis Editorial. p. 14.

Compartimos estas ideas:

-Que la obra (no decimos edificio) se desprende del arquitecto y sus sueños y comienza a tener una identidad propia, más allá de la voluntad del autor.

Dudamos de las siguientes ideas:

-Que exista -en sentido estricto- una lógica de la construcción.

-Que las obras de arquitectura sean solo realidad física. Creemos, junto con Juan Pablo Bonta, que las obras de arquitectura son realidad cultural. Realidad cultural presta a ser interpretada por quien lo quiera hacer, incluyendo al autor.

Algunas interpretaciones se olvidarán. Otras serán recordadas. Así la obra "vivirá" en el tiempo...

miércoles, 3 de agosto de 2016

DE LECTURAS: TIEMPO NUBLADO. OCTAVIO PAZ (03-VIII-2016)

Con este artículo, abro una nueva etiqueta, una que desde hace tiempo quería incorporar al blog. La he llamado DE LECTURAS. Este nuevo compartimiento estará dedicado a los libros que voy leyendo y a algunos pasajes, citas y/o reflexiones que surgen a partir de esas lecturas.
A veces sucede que leo, otras veces releo. Y esta publicación corresponde al segundo caso.
Se trata de Tiempo nublado de Octavio Paz, libro que adquirí usado en la Librería Minerva de La Florida, hace ya varios años. En esa ocasión también me apropié de El ogro filántropico, suerte de par de este que hoy comento.
Son ensayos históricos de largo alcance. Corresponden a los años setenta y ochenta del siglo XX.
Vamos entonces con Octavio Paz. Y este es el título que propongo:
LOS INTELECTUALES MARXISTAS. LOS CRUZADOS DE LA ERA MODERNA
En su origen, el neotomismo fue un pensamiento destinado a defender a la ortodoxia de las herejías luteranas y calvinistas, que fueron las primeras expresiones de la modernidad. A diferencia de las otras tendencias filosóficas de esa época, no fue un método de exploración de lo desconocido sino un sistema para defender lo conocido y lo establecido. La Edad Moderna comienza con la crítica de los primeros principios; la neoescolástica se propuso defender esos principios y demostrar su carácter necesario, eterno e intocable. Aunque en el siglo XVIII esta filosofía se desvaneció en el horizonte intelectual de América Latina, las actitudes y los hábitos que le eran consustanciales han persistido hasta nuestros días. Nuestros intelectuales han abrazado sucesivamente el liberalismo, el positivismo y ahora el marxismo-leninismo: sin embargo, en casi todos ellos, sin distinción de filosofías, no es difícil advertir, ocultas pero vivas, las actitudes psicológicas y morales de los antiguos campeones de la neoescolástica. Paradójica modernidad: las ideas son de hoy, las actitudes de ayer. Sus abuelos juraban en nombre de Santo Tomás, ellos en el de Marx, pero para unos y otros la razón es un arma al servicio de una verdad con mayúscula. La misión del intelectual es defenderla. Tienen una idea polémica y combatiente de la cultura y del pensamiento: son cruzados. Así se ha perpetuado en nuestras tierras una tradición intelectual poco respetuosa de la opinión ajena, que prefiere las ideas a la realidad y los sistemas intelectuales a la crítica de los sistemas. 
(Octavio Paz (1983). Tiempo nublado. Barcelona, Seix Barral, p. 166).

Tiempo nublado es un libro en el que encontramos diversos ensayos de corte histórico alrededor de 1980. Paz reflexiona sobre Estados Unidos y sobre la Unión Sovietica, sobre Europa y Latinoamérica. La parte final del libro, de donde proviene la cita que reproducimos, está dedicada plenamente a nuestra porción del continente americano.

Para desentrañar lo que hoy somos, Paz se remonta a nuestras raíces, a esos rasgos culturales que nos marcan como personas y como sociedades.

Las reflexiones de Paz son brillantes y al mismo tiempo humildes. Con esto, consigue una conexión con las fibras humanas más profundas.

En una de las secciones del libro relata una suerte de diálogo en sueño entre él y un diablo. Este último le hace ver que los dos grandes imperios –el soviético y el americano- encarnan dos diablos. El primero pretende que la humanidad salte el cielo con millones y millones de fanáticos rebeldes (Paz, 1983: 134) y el segundo pretende que el infierno se vuelva habitable a través del trabajo, de la industria y del comercio.

Paradójico y lamentable.

En ambos casos se respira el aire religioso, ese afán de salvación que se acerca fatídicamente a la condena.

En otras partes del libro, Paz afirma que democracia y modernización son consustanciales. Los intentos por llegar a cualquiera de ellas por el camino de la otra han sido experiencias  fracasadas.

Al mismo tiempo afirma que en países como México historia y tradición tienen que ser incorporadas como agentes culturales.

En el caso del texto que reproducimos esa tradición es una conducta, una energía que Paz somete a crítica.

Así, señala a aquellos intelectuales que amparados en el marxismo se apropian del proyecto moderno y emancipador. Sin embargo, actúan bajo una profunda contradicción. Son unos cruzados, combatientes que se creen predestinados a salvar a la humanidad sometiendo y en muchos casos asesinando a aquellos que no comparten su única razón.

Son los portadores de ideas nuevas regidas por los comportamientos jerárquicos y dominantes que paradójicamente la modernidad debe superar.

Y una de las cosas que un autor como Paz nos hace ver es que filosofía y economía no pueden aislarse de la consideración de la humanidad como un todo, con lo que tenemos de racionalidad y de creencias, de claridad y oscuridad, de bondad y maldad.   

martes, 2 de agosto de 2016

UNA ENTREVISTA A MONEO (02-VIII-2016)

La entrevista de la que reproducimos el inicio es la primera que acompaña un ejemplar de El Croquis dedicado a Rafael Moneo (1937). Así comienza:

 Las obras que presentamos parecen carecer de un 'estilo' personal que las ligue. ¿Cree que ello responde únicamente a una cuestión de lenguaje? ¿Considera su arquitectura la propia de un ecléctico?

 Y así responde Moneo:

En primer lugar hay que decir que las obras pueden ser personales sin que tengan un 'estilo' personal. Cada uno de los proyectos que aquí se publican es una respuesta personal a situaciones, lugares y programas muy diversos. Mi preocupación primera, cuando comienzo a estudiar un nuevo proyecto, es identificar con claridad cómo la 'disciplina' que practicamos, la arquitectura, puede contribuir a resolver el problema que hay implícito en toda construcción, por simple que ésta sea.

Saber, dicho con otras palabras, qué puede hacer un arquitecto con la disciplina de que se sirve para clarificar una determinada situación, dar sentido a un lugar o satisfacer un programa, lo que implica la adecuada elección del tono a que ha de someterse su trabajo, para no caer ni en los excesos ni en los errores a que llevan una mala interpretación de los encargos. Esto me parece mucho mejor que el acudir a resolver un problema de arquitectura con la obsesión del manejo de un
determinado estilo.

Por ello, si de lo que' se trataba era de preguntarme si me acerco a un trabajo sin prejuicios acerca del estilo, sin un partido tomado con respecto al lenguaje que vaya emplear, mi respuesta es afirmativa: procuro prescindir de cualquier a priori estilístico cuando comienzo a trabajar en un proyecto. Pero, ya que habéis mencionado la palabra 'estilo', me gustaría decir que, si bien el concepto 'estilo' ha mostrado ser de extrema utilidad para el estudio de la historia del arte, no debe, en mi opinión, reducirse el problema en el que hoy se encuentra inmersa la arquitectura a una cuestión de estilo.

Entiendo que se mire con nostalgia a los años de entreguerras, cuando la fe en un nuevo estilo ecuménico y universal parecía asegurar una nueva etapa en la vida de la humanidad, pero no creo que el presente que conocemos nos permita pensar de igual modo.

 

Hoy las esperanzas de acuñar un estilo ecuménico y universal, de forjar un lenguaje único y exclusivo que acabe de una vez por todas con la Babel en la que vivimos, se han desvanecido. Cada vez se hace más evidente que el mundo es plural, diverso y multiforme, y que hemos de aceptar esta realidad como principio primero y básico. Pero, y aunque después de lo dicho se comprenderá que el término ecléctico haya perdido en buena medida las connotaciones peyorativas que lo caracterizaban cuando se aplicaba a los arquitectos victorianos, no creo que sea, en lo que tiene de fluctuante y alternativo, el más adecuado para mi trabajo en el que, yo al menos así lo veo, ha habido siempre una clara continuidad.

Me gustaría que se pudiese hablar de una arquitectura densa, no inmediata, bien hecha, y si todo esto se consiguiese sin perder una cierta frescura y conservando el aroma de lo que fue el primer contacto con la realidad sobre la que se trabaja, mejor que mejor. Comprendo que ésta es una meta poco menos que imposible, difícilmente lcanzable. Y, sin embargo, algunos han llegado: el arquitecto del Erecteion, por ejemplo.

 Y aquí va mi comentario.

 Es inevitable. Cada vez que leemos a Rafael Moneo tenemos la certeza de que este arquitecto español señala ideas importantes.

Y esto sucede porque Moneo se aparta de habituales convenciones que inundan la cultura arquitectónica. Así, cuando habla del lugar nos dice que no hay obra que se instale en un sitio sin ejercer cierta violencia o; en otra ocasión, cuando señala que la arbitrariedad es una constante en el hacer arquitectura.

La primera pregunta que le hacen en una entrevista de 1985 parte del supuesto de que su obra no es unitaria. Es antes que nada el fruto de la obra de un ecléctico.
¿Cómo responde Moneo?

La cuestión del estilo es una suerte de fijación, un a priori del que se zafa. El proyecto –arquitectura nueva- se alimenta de la propia arquitectura, de las condiciones del programa y de las determinantes del lugar.

El arquitecto y su consciencia no desparecen. Toma decisiones, pero una fundamental para Moneo es la de no fijar la forma de antemano. Ese es su sello personal. Sello de método y no sello de marca.  

Luego contextualiza la noción de estilo. Fue útil para la historia tradicional para encapsular categorías –gótico, renacimiento, barroco- y fue un instrumento que copó las formas de la arquitectura de entreguerras, aunque se pretendía eludir el sello estilístico.

Como comentario adicional, vale la pena recordar El Escorial o la Catedral de Santiago de Compostela, edificios emblemáticos de la arquitectura española que difícilmente podemos encapsular en los estilos históricos convencionales. Al señalar esto, queremos acentuar el carácter español de Moneo.

Finalmente, Moneo reivindica la arquitectura no inmediata.

Y nos preguntamos ¿Qué es esto?

Escuchando sus palabras y viendo lo que hace en sus obras podemos aventurar que Moneo apunta hacia una arquitectura de larga duración despojada de la verborrea circunstancial, pero también capaz de ofrecer alguna respuesta que nos inquiete, que nos ponga a pensar.

Al final del texto que reproducimos Moneo recuerda al Erecteion, ese curioso templo clásico con tres pórticos, sin basamento, posado en diversos niveles y con columnatas de diferentes alturas. Sin embargo, aun con todos estos desperfectos, el templo se erige como obra clásica.   

Es el mismo temple de obras como el Museo de Arte Romano de Mérida (1980-85) o el Kursaal de San Sebastián (1990-1999).
(Primavera spring 1985”. Entrevista a cargo de Fernando Márquez y Richard Levene. (2004). Rafael Moneo 1967 2004 El Croquis. Madrid, El Croquis Editorial)
 
 Erecteion (421-406 a C.) Atribuido a Filocles

 Museo de Arte Romano de Mérida (1980-85). Rafael Moneo.
Auditorios Kursaal. San Sebastián (1990-99). Rafael Moneo.