sábado, 25 de junio de 2016

UN POEMA DE ERICH FRIED (1921-1988) Erfolg (Success. Éxito)

I was ten years old when i was born

I was twenty when i died

At thirty i realized i had died

When i was fourty i knew i was dead

I was 50 years old when i began to hold my funeral speech

At 60 i was a reknown speaker

With 70 years i spoke about life

With 80 i spoke of love

At 90 i speak about the future

With 100 years i  let myself rejuvenate
 

  
 

Tenía diez años cuando nací

Tenía veinte cuando morí

A los treinta supe que debía morir  

A los cuarenta supe que estaba muerto  

Tenía cincuenta años cuando empecé a hacer mi discurso de funeral

A los sesenta yo era un reconocido comunicador

A los setenta hablé sobre la vida

A los 80 hablé de amor

Con noventa años yo hablé acerca del futuro  

Con 100 años me dejé rejuvenecer

 
Datos biográficos de Erich Fried
Nació el 6 de mayo de 1921 en Viena, en el seno de una familia judía. Cuando su padre fue asesinado por la Gestapo dejó la ciudad en 1938. Se radicó en Londres, aunque su primera colección de poemas, Alemania: poemas (1944), se publicó en alemán.
Más tarde formó parte del Grupo 47, el grupo literario más importante en la Alemania de la posguerra. Trabajó para la BBC durante los años cincuenta.
En su primera obra madura, Poemas, publicado en 1958, comenzó a usar el verso libre y atrajo poca atención. A mediados de los años sesenta, en und Vietnam und (1966), poemario político incluye uno de los poemas más famosos del autor, "17-22 de mayo de 1966". La edición de 1987 de sus Poemas de amor (1979) alcanzó una tirada de 150.000 ejemplares. Tradujo a Dylan Thomas, T. S. Eliot y Shakespeare entre otros. Erich Fried falleció en Baden-Baden el 22 de noviembre de 1988.
 
 

 

miércoles, 22 de junio de 2016

REPRODUZCO UN ARTÍCULO QUE ME HA SORPRENDIDO GRATAMENTE

He leído poco a Alejandro Oliveros, escritor y poeta venezolano. Lo he conocido a través de un diario, en el que narra su vida en la ciudad de Valencia y sus viajes a Caracas a dar clases en la UCV.

Hoy, hojeando prodavinci, me encuentro con este artículo de Oliveros: "60 años del Pirellone de Gio Ponti".

Vamos a leerlo pues me dije. 

He encontrado un ensayo sobre un noble edificio. El artículo está muy bien escrito, y eso no debe sorprender ya que eso se espera de un escritor. Pero lo que me sorprendió gratamente fue la precisión de los datos, y la sensibilidad en los juicios, que ¡vaya! los hay. 

Lo reproduzco a continuación


El viajero que llega a Milán por tren y, ya en la calle, se voltea para contemplar Stazione Centrale, por donde llegó, descubrirá una de las fachadas más ingratas de la arquitectura italiana contemporánea. Un lamentable descubrimiento subrayado por el hecho de que el terminal, en su interior, cuenta con estupendos espacios bajo su formidable bóveda de más de 340 metros. La estación fue terminada en tiempos de Mussolini, y en su época fue una de las más grandes de Europa. Por desgracia, en sus sucesivos proyectos, la fachada nunca contó con la participación de alguno de los notables arquitectos que diseñaron construcciones para el dictador. Hombres como Terragni o Angiolo Mazzoni, responsable del proyecto original de la Stazione Termini romana; o Giovanni Michelozzi, quien se encargaría de la vanguardista estación de Florencia; o aun Giovanni Guerrini, cuyo edificio para la Exposición Universal Romana (EUR) sirvió a Philip Johnson para su edificio ATT, en Nueva York, y fue uno de los escenarios de la última adaptación al cine del Tito Andrónico. Para el confundido visitante, recién llegado a urbe lombarda, ninguna recomendación más oportuna que dirigir su vista a la derecha para encontrarse con uno de los edificios más exquisitos del continente, el llamado Pirellone por los milaneses, y que fuera ideado por el también milanés Giò Ponti para Pirelli. La fachada de Stazione Centrale es uno de los tantos productos desafortunados de la estética fascista. Masivo, duro, pesado, encementado, gris, horizontal, básico y con pretensiones neoclasicistas. Concebido con el propósito de achatar la conciencia colectiva y resaltar la figura del dictador, en este caso Il Duce. Una arquitectura política, que serviría de modelo a todas las arquitecturas fascistoides del planeta. Terragni, Mazzoni, Michelozzi y Guerrini, fueron sólo cuatro de los que pusieron su genio al servicio de una ideología. Desafortunadamente, ninguno de ellos fue llamado a ocuparse de la triste fachada.
El Pirellone, por otra parte, es un manifiesto de arquitectura antifacista, como lo fueron en Alemania los mejores productos de la Bauhaus durante la década de los treinta. No sé qué tanto estuvo involucrado Ponti con las investigaciones de la escuela alemana, pero creo percibir tantas convergencias como divergencias. Desde muy temprano, Ponti, nacido en 1891, cinco años después de Van der Rohe, dedicó buena parte de sus empeños al diseño industrial, una actividad, como se recuerda, privilegiada por los directivos de Bauhaus. En 1925, en París, Ponti recibiría su primer reconocimiento internacional, no como arquitecto, sino como diseñador, aunque para él, diseño y arquitectura nunca dejaron de ser lo mismo: “En todas las cosas nos encontramos con el mismo proceso mental y la misma mano”. Ponti fue un artífice del Renacimiento en nuestro tiempo, un genio tan versátil como Bramante o Alberti. Suyo es el diseño de una de la sillas más admiradas, no sin razón, del siglo XX. La impecable y mágica, “Superleggera”, concebida en 1955 para Cassina, la conocida fábrica de muebles medanesa. Y la leggereza es precisamente el más notable atributo de esta Torre Pirelli, la cual compensará con creces la decepción de nuestro visitante recién llegado por tren a Milán. Esta misma liviandad es una metáfora del espíritu mediterráneo que, en arquitectura, tiene su mejor expresión en el templo griego; en música a compositores como Vivaldi, y en literatura a Virgilio. En la otra ribera, y esta es solo una de las divergencias con Bauhaus y sus exponentes, tendríamos la catedral gótica; a Bach, en música, y a Shakespeare en literatura. En nuestro tiempo, al Pirelli de Ponti, le correspondería el Seagrams, de Van Der Rohe, en Nueva York.
Otra divergencia de Ponti con Bauhaus, fue su oposición al llamado “Estilo Internacional”, divulgado por Jonhson y otros seguidores de Mies y que, en Venezuela, tuvo su mejor expresión en el Edificio Polar, de Martín Vegas. A este concepto del estilo internacional, a su uniformidad y divorcio del contexto, Giò Ponti prefirió el concepto de preesistenza ambientale, formulado por Ernesto Nathan Rogers desde las páginas de la revista de vanguardia Casabella, con sede en Milán La idea de los arquitectos reunidos alrededor del prestigioso Instituto Politécnico de Milán, se fundamenta en la convicción de que no hay obra de arquitectura independiente de su contexto físico e histórico: “Preexistencia ambiental, contexto, es el concepto que rompe con la indiferencia de los modernos a los lugares y el tiempo y propone una arquitectura que interpreta contextos sensibles y complejo” (Valerio di Battista). No podría ser independiente del Ávila, por ejemplo, una construcción diseñada para el valle de Caracas. Villanueva, que no sabría decir si se detuvo en la consideración minuciosa de esta tesis, a pesar de haber conocido a Ponti durante uno de sus viajes a Caracas, no hizo otra cosa con la Ciudad Universitaria. Desde cuyos salones de lectura, en la Biblioteca Central, se tiene la mejor de las visuales sobre la gran montaña. Por otra parte, no sería obvio un diseño de ubicación universal, bueno para todos los ambientes, el mar, el bosque o los llanos. “Cada región tiene su nombre”, cada una con la arquitectura que se le ajusta; una especie de adaptación de la teoría flaubertiana de “le mot juste”, la palabra justa. Venezuela fue privilegiada con una de las más acabadas ilustraciones de esta “preexistencia ambiental”. Me refiero a El cerrito, la residencia diseñada por Giò Ponti para el matrimonio Planchart en el este de Caracas, entre 1953 y 1957, al mismo tiempo que trabajaba en el grattacelo Pirelli. El arquitecto italiano no ocultó su entusiasmo con el paisaje de la capital venezolana durante sus visitas. La larga planificación del proyecto y su cuidadoso acabado, resultaría en lo que es hoy un ícono insoslayable de la arquitectura contemporánea, y una de las obras emblemáticas del maestro italiano. Ponti supo adaptar su estilo al ambiente y los requerimiento de sus patrones criollos. Entre los cuales se destacaba el imperativo de poder observar el Ávila desde diversos ángulos de los dos pisos de la casa: “Tengo enfrente a mí una montaña preciosa que se llama el Avila y quiero verlas desde todas partes”, le escribió la señora Planchart. Para un hombre como Ponti, nativo de la llanura padana, donde las elevaciones más cercanas son las de los Alpes, a casi cien kilómetros de Milán, la petición tenía que resultar fascinante. El resultado es, en la mejor de las acepciones, una “casa milanesa” en Caracas. La sofisticación característica del estilo milanés, el mismo de Munari o Fontana, entre tantos, en medio de un ambiente para ese entonces primitivo y agreste. Lo que logró el gran artífice fue incorporar a sus diseños el ambiente preexistente en la ciudad. Una “mariposa flotando sobre un cerro”, como escribió el arquitecto. La misma liviandad que sentirá el visitante que llegue por tren a Milán, y sobreviva al trauma de contemplar la fachada de su Stazione Centrale, levantando la mirada para deleitarse con la vista del Pirellone, porque, como escribió Ponti: ¨La arquitectura está hecha para mirarla”.

He aquí el enlace: 

(http://prodavinci.com/2016/06/11/vivir/60-anos-de-la-primera-piedra-del-pirellone-de-gio-ponti-por-alejandro-oliveros-visionesdemilan/)










domingo, 19 de junio de 2016

jueves, 16 de junio de 2016

ÚLTIMA PROPUESTA UNIVERSAL: ARQUITECTURA COMO ARQUITECTURA (01-VI-1994. Revisado el 16-VI-2016)

Llegamos a la quinta y última propuesta. 

En días recientes, en grata conversación con los estudiantes de la profesora Melicia Planchart (FAU-UCV), leía una frase del trabajo de un alumno:

Alvaro Siza tiene una aproximación poética a la arquitectura.

Una expresión como esta pretende valorar positivamente. Construye una analogía y una metáfora. Y nos dice que la arquitectura –a veces- puede ser algo más. La arquitectura se presta a ello. En un sentido es construcción, pero también belleza, armonía e incluso poesía.

En las primeras cuatro propuestas de universalidad que hemos ya discutido, la arquitectura ha sido imitación clásica, racionalismo moderno, ciencia o arte. La arquitectura ha sido otra cosa o ha tomado prestado de otras cosas.

Regresando a la conversación, me pasó que leyendo la expresión se me ocurrió replicar:

¿Qué tal sería decir que Alvaro Siza tiene una aproximación arquitectónica a la arquitectura?

La expresión nos puede parecer divertida o paradójica, pero creo que –al menos en estos tiempos- hace falta decirla así.

De eso trata nuestra última propuesta universal: la arquitectura como arquitectura.

A partir de esta premisa se pueden derivar algunas conexiones.

Y para ello recordaremos al crí­tico, teórico e historiador noruego Christian Nor­berg-Schulz (1926-2000), pionero olvidado del acercamiento fenomenológico a la arquitectura.

En clave heideggeriana,  nos dice que la arquitectura está hecha por el hombre y para el hombre. Y así, se pueden enumerar algunas precisiones:

1-Poseemos un impulso y una necesidad de crear permanentemente. 

2-El hombre ha sido incapaz -hasta ahora- de vivir en la naturaleza tal y como está.

3-Estamos dotados, poseídos, por un impulso intelectual, de pensamiento, de especulación teórica.

Estas consideraciones generan implicaciones inmediatas:
           
1-El proyecto es una especie de motor, de impulso, de rasgo esen­cial de la arqui­tectura.
           
2-La arquitectura -y la ciudad diría Rossi- constitu­ye el ámbito natural de la vida del ser humano.

3-La arquitectura es fundamentalmente un hacer. Pero es también pensamiento, ideas y nociones de las que se parte para realizar. La propia naturaleza y la arquitectura ya hecha se convierten en estímulos para pensar.


Parafraseando a Louis Kahn: La arquitectura es ins­titución humana.

Las escuelas nacen de los deseos humanos.

Una casa es una pequeña ciudad.

Una calle se convierte en el lugar de aprendizaje para un niño.

Así,  la arquitectura acompaña nuestras vidas.

De lo anterior deriva una relación tripartita entre ser humano y ar­quitectura:


1-Se hace arquitectura. Y aparecen condiciones universales: la escala humana, la construcción, el proyecto y la obra, lo íntimo y lo público. Y aprendemos: el proyecto nos obliga a considerar determinantes encontradas, a ser sorteadas con creatividad: espacio y  escala, forma individual y forma como conjunto. 

2-Se vive la arquitectura. Y aparecen condiciones universales: lo sensorial, el hombre como centro, lo ambiental y sicológico.

3-La arquitectura se piensa y se aprende. Puntos inseparables. Y aparecen condiciones universales: las dimensiones de lo intelectual, de la crítica, la teoría y la historia.
                         
Al final hemos llegado, en nuestro último tanteo de búsqueda de lo universal, a un esquema triple que curio­samente se parece mucho a la organización y a los conte­nidos del programa general de la materia Teoría de la Arquitectura que dictamos la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela.
 
Y a modo de cierre…

Las primeras cuatro propuestas de universalidad de la arquitectura (clasicismo, modernidad, ciencia y arte) no alcanzan su meta; la de ser universales.

Sin embargo, de este bagaje cultural podemos recordar algunos episodios que han dejado algunas huellas profundas. Estas huellas provienen de la tradición más íntima de la arquitectura. No recurren a analogías ni al auxilio de otras disciplinas. Estos son:



1-De la antigua Grecia queda un legado: la arqui­tectura -hecho material- es gobernada por otra cosa; por una idea. Algunos conceptos griegos como los de belleza, totalidad, orden y racionalidad perduran en el tiempo.

2-Vitruvio dijo: la arquitectura debe ser bella, firme y útil. Hasta ahora no ha aparecido ningún paradig­ma capaz de sustituir esta parca pero contundente afirmación. Las teorías, los arquitec­tos y las obras han "favorecido" a veces unos aspectos sobre otros: la Torre Eiffel haciendo prevalecer la firmeza, Durand y el funcionalismo poniendo en primer plano a la utilidad. Sin embargo, cuando la arquitectura ha sido más rica es cuando ha asumido su natural complejidad.
 
3-En la arquitectura coexisten universalidad y particularidad, tradición y ruptura. Son fuerzas que orientan nuestro trabajo y producción. La universalidad nos ofrece unos principios, unos objetivos no contradictorios, unos intentos de verdad y de posible útil aplicación. Por otra parte, la particularidad nos obliga al cuestionamiento de esos mis­mos principios, nos solicita demos respuestas a individuos y lugares determinados, únicos e irrepeti­bles.

Solo entendiendo esta compleja dualidad es que se puede entender y apreciar la gran obra de arquitectos como Erik Gunnar Asplund, Le Corbusier y Carlos Raúl Villanueva.


















miércoles, 15 de junio de 2016

TOMA INSTANTÁNEA 001. VENEZUELA 2016 BELLEZA Y VIOLENCIA (15-VI-2016)





País de contrastes 

Y en 2016 se acentúan

El mismo día retrato una belleza simple y me entero de que en la universidad un delincuente le disparó a un estudiante


sábado, 4 de junio de 2016

CUARTA PROPUESTA UNIVERSAL: ARQUITECTU­RA COMO ARTE (01-VI-1994. Revisado el 04-VI-2016)

Tradicionalmente se entiende a la arquitectura como una de las bellas artes, junto con la pintura y la escultura. Artes que se entienden -por supuesto- creaciones de un autor y dependientes de su gesto y personalidad.

Para ahondar en este otro intento de universalidad -de generalización- nos parece oportuno recordar sus orígenes. Orígenes que hay que buscar en el Renacimiento.

Aquel que probablemente sea el primer historiador de la arquitectura -Gior­gio Vasari- organiza su emblemática historia como una secuencia de biografías sobre destacadas figuras de su tiempo.

A partir del Renacimiento la arquitectura se identificará con un autor de proyecto. La arquitectura pasa a ser cosa mentale. Aparece así el artista individual.

Luego, el contexto del Romanticismo dará un nuevo impulso al rol del artista individual. Ser romántico será ser uno y único, diferenciado del resto del mundo.

El carácter artesanal del trabajo del arquitecto -taller y dibujo- establece paralelos y asociaciones entre los trabajos del arquitecto, el pintor o el escultor. Es frecuente ver en las publicaciones de arquitectura los croquis y dibujos que luego se ven materializados en las obras; intentando parecerse estas últimas al gesto único e inicial del dibujo del arqui­tecto.

Esta asociación visual suele dejar de lado las condicionantes del cliente, de las técnicas utilizadas así como la participación de diversos ingenieros y especialistas. Es imposible imaginar un cua­dro de Picasso no realizado por él mismo. Pero en el caso de la arquitectura, el arqui­tecto no realiza materialmente la obra.

En los años más recientes, la cultura ha tenido a un exitoso defensor de la idea de la arquitectura como arte: Frank Ghery. Según sus propias palabras, al comienzo de su carrera era rechazado por sus colegas y bienvenido en los círculos artísticos. Por otra parte, en sus reflexiones escasean las referencias a problemas sociales o urbanos. Su principal preocupación es la transformación de sus croquis y papeles arrugados en edificaciones.
Entender la arquitectura como puro trabajo manual y centrado en el arquitecto, parece adecuarse a un tratamiento enciclopédico en donde se comparen super­ficialmente artes, músicas, culturas y arquitecturas; unidas por un hilo invisible. Sirve también esta tesis para acentuar el narcisismo y hermetismo cultural en que a veces se refugian algunos arquitectos.

La condición de arte individual, universalmente constan­te es una idea y condición que parece no adecuarse a la arquitectura y al arquitecto. Y sobre todo no se adecua a las potencialidades y duros problemas a los que se enfrenta el arquitecto de la modernidad. Aquí, en este ineludible ámbito, el arquitecto no solo debe diseñar edificios bellos, sino edificaciones eficientes; con las personas, con el ambiente, con el contexto, con la energía.

Como conclusión de los cuatro textos publicados hasta ahora (clasicismo, modernidad, ciencia y arte); podemos decir que todos los intentos de universali­dad con sus diversos grados de aceptación o crítica han demos­trado tarde o temprano su carácter finito, su parciali­dad, y por lo tanto su imposibilidad de universali­dad.

Queda por analizar un último camino, seguramente más modesto. Y queda también por repasar que sucede con la cultura arquitectónica que parece moverse en movimientos cíclicos o en tensiones de opuestos, en un permanente descubrir y redescubrir.


FRANK GHERY. CROQUIS DEL DISNEY CONCERT HALL (1992-2003)